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¿Hasta
qué punto tienen la culpa del aumento de la obesidad
los establecimientos de comida rápida?. Hay consenso
en que tienen una parte importante de responsabilidad, pero
también la tienen algunos valores de nuestra sociedad.
Reconocerlo y luchar contra ello es la primera batalla en
nuestra guerra contra el exceso de peso y por una salud mejor.
En
España, el 35 % de la población tiene sobrepeso
y el 20 % padece obesidad. No vamos a insistir ahora en el
enorme problema de salud (dejando a un lado la estética)
que esto supone, hasta el punto de que en Estados Unidos se
considera que la obesidad pronto superará al tabaco
como problema de salud. Al decir de algunos expertos, ya lo
ha hecho. Pero lo más grave es que el problema va en
aumento.
La cuestión que se suscita es: ¿quién
tiene la culpa de esto? Informaciones como el reciente documental
de Morgan Spurlock echan más lodo sobre la ya deteriorada
imagen de los establecimientos de comida rápida. Este
periodista americano se alimentó durante un mes exclusivamente
en un establecimiento de comida rápida, engordando
12 kilos en ese breve periodo. Además, su colesterol
se disparó y su hígado quedó también
afectado, deteriorándose su salud hasta el punto de
que su médico le recomendó abandonar el experimento.
Pero, ¿son estos establecimientos los únicos
culpables? Los expertos opinan que no. Hay ciertos valores
de nuestra sociedad que nos empujan a la obesidad. En primer
lugar, está el consumismo. Neville Rugby, director
del International Obesity Task Force explica que el "glamour"
por el consumo lo ha fomentado Estados Unidos y exportado
al resto de los países, y actualmente es un fenómeno
mundial. Y el ansia por consumir más se aplica también
a los productos alimentarios, con lo que existe una tendencia
más o menos inconsciente a comer más, por lo
que tiene de consumir más.
También
se ha dado un cambio en los hábitos de vida, ya que
está desapareciendo el trabajo manual y extendiéndose
el sedentarismo. El auge de las actividades deportivas implica
solo a una pequeña parte de la población y no
compensa, ni de lejos, la progresiva desaparición de
los trabajos físicos. Y el avance de la televisión,
Internet y videojuegos, sobre todo entre los más jóvenes,
no hace más que complicar el problema.
Por
último, y por lo que respecta a la nutrición,
ciertos alimentos de gran contenido en grasas y azúcares,
y elevado poder calórico ("chuches", bollos,
comida rápida, precocinados,
) son cada vez más
baratos y están más extendidos, mientras otros
más saludables (fruta, verduras frescas,
) se
están encareciendo notablemente. En algunos casos,
el precio por kilo de determinadas verduras frescas ha superado
al de ciertas carnes, lo cual era impensable hace unas décadas.
Si sumamos a esto la preocupación por el ahorro de
tiempo en las tareas domésticas, con el perjuicio consiguiente
para la cocina tradicional, la consecuencia es un cambio en
las pautas de alimentación que favorece la obesidad.
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