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¿Se podrá evitar la obesidad desde el nacimiento?

 

Ya se sabía el importante papel que juega la leptina en la obesidad (ver artículo de Adelgazar.Net). Pero recientes investigaciones indican, además, que el nivel de leptina en las primeras semanas de existencia de una persona determinará la propensión o no a engordar de dicha persona a lo largo de su vida. Quizá se pueda, en base a esto, evitar la tendencia genética a la obesidad.

De forma resumida, un nivel elevado de esta hormona en los tejidos grasos supone una menor sensación de hambre, y viceversa. Así, la leptina es uno de los elementos clave para entender el mecanismo de la obesidad, y por qué en muchos casos tenemos tendencia a engordar.

Recientemente, un equipo de investigadores dirigido por Richard Simerly, de la Oregon Health Sciences University, ha ido un paso más allá al demostrar que la abundancia de leptina en los primeros días de vida de unos ratones hacía que se desarrollara la parte de su cerebro que controla el apetito. Consecuentemente, permanecieron delgados. Por el contrario, aquellos roedores que se veían privados de la mencionada hormona al comienzo de su existencia, no desarrollaban esa parte de su cerebro adecuadamente, y como consecuencia no controlaban su apetito, sufriendo de obesidad mórbida. En ambos casos, la tendencia es ya para toda la vida. Estos resultados han sido publicados en la prestigiosa revista Science.

Esta podría ser la explicación de por qué algunas personas comen lo que quieren y no engordan, mientras otras deben realizar esfuerzos, a veces importantes, para mantener la línea.

Sadaf Farooqi, una autoridad mundial en materia de obesidad, ha resaltado la importancia de estas investigaciones. Sugiere que en el futuro se podría aplicar una terapia hormonal en las primeras semanas de vida a aquellos niños que pudieran heredar de sus padres un déficit de leptina, por razones genéticas, con la consiguiente tendencia a la obesidad. De esta forma, se podría desarrollar adecuadamente el centro cerebral que regula el apetito, que quedaría así controlado para toda la vida.

Fuente: Consumer, mayo 2004