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Si
bien en torno a un treinta por ciento de los casos de obesidad
tienen base genética, para que se manifieste dicha
obesidad deben darse también ciertos hábitos
o comportamientos. La identificación de los factores
genéticos que concurren en cada individuo puede ayudar
en la terapia para tratar su obesidad, orientando acerca de
qué comportamientos debe modificar.
Recientes
investigaciones dirigidas por Alfredo Martínez, Catedrático
de Nutrición de la Universidad de Navarra, indican
que, si bien muchos casos de obesidad tienen su causa en ciertos
defectos genéticos, para que se manifieste dicha obesidad
deben darse también determinadas conductas, como vida
sedentaria, ingesta excesiva de grasas, y otras. Esta diferencia
genética explicaría la razón de que haya
personas que comen poco y engordan, mientras otras comen de
todo y se mantienen delgadas.
La importancia de estas investigaciones radica en que abren
una vía para mejorar el tratamiento de la obesidad
de cada paciente, según su perfil genético.
Por ejemplo, se ha demostrado que la alteración de
un determinado gen (receptor adrenérgico beta 2) hace
que la persona que sufre dicha alteración engorde si
no hace ejercicio con regularidad. Si identificamos, pues,
este defecto genético en un determinado paciente obeso,
deberemos resaltar en su tratamiento le realización
de ejercicio, por encima de la limitación de la ingesta
de grasas, por ejemplo, ya que la causa principal de su obesidad
sería la falta de ejercicio.
Igualmente, y por lo que respecta a la metabolización
de los distintos nutrientes, la base genética hace
que cada persona metabolice de forma diferente las proteínas,
los hidratos y las grasas. Conocida esta información
genética, podría recomendarse a cada paciente
que limitara la ingesta, preferentemente, de uno de estos
tipos de nutrientes, por ser el que más le perjudicaría
en el tratamiento de su obesidad. Así por ejemplo,
ya se ha demostrado que ciertas personas que sufren una mutación
en el gen PPAR deben limitar la ingesta de grasas, de forma
preferente a otros hábitos, para tratar su obesidad
de forma más efectiva.
De
cualquier manera, es mucho lo que queda todavía por
investigar, pues hasta el momento se han identificado más
de 300 genes (de los 30.000 que componen el genoma humano)
relacionados con la obesidad: apetito, termogénesis,
depósito de grasa, etc.
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