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Volvemos
de nuevo sobre el mismo tema (ver artículo "Expertos
en nutrición nos recuerdan que es posible alimentarse
bien fuera de casa") por la importancia que tiene.
De nada vale esforzarnos en comer correctamente en casa (en
calidad y en cantidad) si la comida principal del día
tenemos que hacerla fuera, y ahí "pinchamos",
dando al traste con el esfuerzo del resto de la semana. Pero
se puede comer fuera, rápido y bien. Veamos cómo
hacerlo.
En
primer lugar, está la alternativa de llevarnos la comida
de casa, que puede ser completa y apetecible. Pero esto no
siempre es posible, y si hemos de comer fuera, es conveniente
seguir los consejos de los expertos en nutrición, que
podemos resumir en los siguientes puntos:
- Variedad: cambiar a diario de
menú e incluso de establecimiento, si es posible.
- Cantidad: comer las calorías
que necesitamos, ni más ni menos.
- Equilibrio: proteínas,
grasas, hidratos y fibra deben incluirse en las proporciones
adecuadas, según hemos indicado en multitud de ocasiones.
- Tiempo: intentar comer siempre
a la misma hora, y con un mínimo de 40 minutos. Hay
que comer despacio y masticar bien. Si no, la comida no
estará correctamente triturada ni irá bien
insalivada, y la digestión será peor. Además,
psicológicamente no asumiremos del todo que hemos
comido, con lo que al llegar a casa tendremos tendencia
a comer más, pues lo del mediodía "fue
sólo un tentempié".
- Si se toma alcohol, hacerlo con
moderación.
- Proteínas. Los expertos
recomiendan tomar tanta cantidad de pescado como de carne,
por lo que conviene alternarlos. Es preferible elegir las
carnes con menos grasas: mejor pollo o filete que cordero
o hamburguesa. No excederse con los huevos.
- Técnicas culinarias: elegir
las menos grasas. A la plancha, mejor que un guiso.
- Acompañamientos: sustituir
los más grasos (patatas fritas, ensaladilla rusa,
fritos variados) por otros más ligeros, como ensalada,
arroz o puré de patata.
- Postres: aunque de vez en cuando
podemos darnos un capricho, es más ligera y saludable
la fruta que la repostería.
Para
seguir estas normas, que a veces pueden ser difíciles
de cumplir, nuestros grandes aliados son la mentalización,
la fuerza de voluntad y la costumbre. Si nos acostumbramos
a cambiar una manzana por el flan, poco a poco nos irá
costando cada vez menos. Y a la larga, nos sentiremos más
satisfechos con nosotros mismos.
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