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Insistimos
otra vez: hay que rechazar los productos milagro. En el mejor
caso, son un engaño. En el peor, un riesgo para la
salud. Y el razonamiento es muy simple: si funcionaran realmente
y sin hacer daño, las grandes multinacionales los habrían
sacado ya al mercado.
Una
vez más (y van
), el Ministerio de Sanidad y
Consumo ha ordenado la retirada de un tratamiento adelgazante
ilegal llamado "Removyl", que prometía pérdidas
de hasta un kilo diario, sin variar los hábitos alimenticios.
Sobran los comentarios. El problema es que, probablemente,
pronto lo volverán a sacar al mercado, con ese u otro
nombre. De hecho, este producto es casi igual a otros dos,
declarados ilegales en 2002 y 2003 ("Algoxill 500"
y "Xylokall 900", respectivamente). Por otra parte,
también se han retirado los productos "Fat fighter
Hydroxiter", "High Depurative" y "Cellular
TNT".
Recientemente, el Consejo General de Colegios de Farmacéuticos
y la OCU han solicitado a la Administración que aumente
el control sobre la publicidad y venta de estos "productos
milagro". En el pasado año se remitieron 92 escritos
a la Administración pidiendo información, consultas,
o denunciando alguno de ellos.
Quizá sea el momento de recordar un par de criterios
útiles a la hora de decidir sobre ciertos productos
adelgazantes:
- Si un producto asegura tener
la capacidad de modificar procesos fisiológicos (adelgazar
sin variar los hábitos alimenticios, lo es), le corresponde
la consideración legal de medicamento, y debe por
tanto haber sido aprobado por la Agencia Española
del Medicamento.
- El Real Decreto sobre Publicidad
y Promoción Comercial de Productos, Actividades o
Servicios con pretendida finalidad sanitaria, prohíbe
la publicidad o promoción de productos que sugieran
propiedades específicas adelgazantes o contra la
obesidad.
Pero
quizá lo más útil es usar la lógica
a la hora de enjuiciar este tipo de productos, y rechazar
los que prometan cosas absurdas, o no nos merezcan plena garantía
por su etiquetado, publicidad o canal de venta.
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