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El balón intragástrico, interesante pero no milagroso

 

Es una alternativa a tener en cuenta, tanto si se emplea previamente a la cirugía como si se hace en lugar de ésta. Pero debe acompañarse de una dieta estricta y un programa de modificación de hábitos mientras se utiliza, para mantener la reducción de peso tras el tratamiento.

El balón intragástrico es un dispositivo de silicona de alta calidad que se introduce deshinchado por la boca, en una intervención que dura de 20 a 30 minutos, con anestesia local y sin requerir ingreso hospitalario. Una vez en el estómago, se llena con 400-800 c.c. de suero y produce sensación de tener el estómago lleno (y realmente lo está), con lo que disminuye la ansiedad por comer y, cuando se hace, se ingiere menos cantidad. Con ello, se puede perder un kilo por semana (una cantidad considerada idónea por los dietistas), durante un periodo de seis meses, lo que supone un total de 20 a 30 kilos. Sin embargo, la reducción real depende del seguimiento de la dieta y el cambio de costumbres que deben acompañar a esta técnica, siendo la media real de adelgazamiento de unos 15 kilos en esos seis meses.

Está indicado en casos de obesidad leve o moderada, cuando han fallado otros métodos y esta obesidad conlleva riesgos significativos para la salud. También, cuando el paciente cuenta entre 13 y 18 años, por lo que no tiene aún la maduración física ni emocional necesaria para afrontar la cirugía. En pacientes con obesidad grave, es necesaria la operación de estómago, pero el balón intragástrico permite reducir el sobrepeso antes de la cirugía, con lo que los riesgos de la intervención se reducen, pues la obesidad agrava las posibles complicaciones postoperatorias.

Incluso en estos casos de obesidad grave, si el paciente no puede operarse (por su alto riesgo), o no quiere hacerlo, el balón intragástrico puede ayudar a reducirla, pues tras un primer balón que puede usarse durante seis meses, pueden ponerse otros sucesivamente.

Como problemas de la técnica, además de su precio (no suele ser realizado por la sanidad pública y cuesta entre 3.000 y 4.000 euros), hay que señalar la posible aparición de náuseas durante los primeros días y un aumento de la acidez, en ambos casos a tratar mediante medicación. Por otra parte, como ya se ha indicado, si no se sigue una dieta y se cambian los hábitos, no se mantendrá la reducción de peso conseguida.

Adelgazar.Net, abril 2004

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