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Esta
solución debe aplicarse únicamente cuando han
fallado las demás, y sólo en aquellas personas
con obesidad mórbida, en las que los riesgos de no
operarse pueden ser mayores que los riesgos de la propia operación,
que en cualquier caso no son desdeñables.
Algunos
casos ocurridos últimamente, con resultado por desgracia
dramático, han colocado a estas técnicas en
los titulares de los medios de comunicación. Muchas
veces se entiende mal el problema, porque muchas personas
piensan que reducirse el estómago es la solución
a su obesidad, y pensando en esta técnica descuidan
una nutrición adecuada.
En primer lugar, y como señala la Sociedad Española
de Patología Digestiva, la reducción de estómago
es una operación seria que supone una modificación
orgánica del proceso alimentario de la persona, y no
una mera modificación estética. No es una cirugía
exenta de riesgos, y las complicaciones (las más graves
son hemorragias, infecciones, trombosis y embolias), que aparecen
en el diez por ciento de estas intervenciones, pueden hacer
que entre el uno y el dos por ciento de los casos conlleven
riesgo de muerte, según señaló a Europa
Press Juan Carlos Ruiz de Adana, médico del Hospital
Universitario de Getafe. Además, por su obesidad, es
un enfermo de alto riesgo y el postoperatorio es complejo.
Por lo anterior, ha de reservarse esta operación únicamente
a los casos de obesidad mórbida, en los que la propia
obesidad supone unos riesgos de salud e incluso vitales importantes.
Así, las personas muy obesas tienen un riesgo mayor
de padecer problemas respiratorios, circulatorios, endocrinos,
cardíacos y hasta cáncer de mama.
Para
saber si una persona padece obesidad mórbida, se utiliza
el Índice de Masa Corporal (peso en kilos dividido
por la talla en metros al cuadrado), de manera que sólo
cuando se supera la cifra de 40 estamos ante uno de estos
casos. Por ejemplo, una persona que mida 1,75 m., deberá
pesar por encima de 123 kg. Y aun así, antes se intentará
reducir el peso por otros medios, como régimen y/o
medicación. Cuando todo ha fracasado, y sólo
cuando el médico lo ve indicado, (siempre por criterios
de salud, y no estéticos), es cuando se puede empezar
a pensar en el quirófano. Nunca antes.
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