|
Un
estudio recientemente publicado por Proceedings of the National
Academy of Sciences, explicaría por qué el estrés
crónico induce a muchas personas a buscar caprichos
como chocolates, dulces o hamburguesas.
Igualmente
se concluye que estos individuos son propensos a acumular
grasa en la zona abdominal, pues la señal metabólica
que reduce el sistema de estrés proviene directamente
de estos depósitos de grasa.
Los investigadores, coordinados por Mary Dallman, profesora
de Fisiología de la Universidad de California, concluyeron
que 24 horas después de activar el sistema de estrés
crónico en un grupo de ratas, los glucocorticoides
(que en el ser humano sería el cortisol) las estimulaban,
entre otras cosas, a consumir alimentos energéticos
como sucrosa y manteca.
Según Dallman, "...darse un capricho en la alimentación
frena un elemento clave del estrés crónico y
podría explicar por qué se busca consuelo en
este tipo de alimentos en personas con estrés, ansiedad
o depresión; también ayudaría a explicar
la bulimia".
Además,
dado que el propio hecho de someternos a dieta nos resulta
estresante y nos provoca ansiedad, las hormonas del estrés
hacen que busquemos alimentos energéticos en recompensa.
|