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El
tener que estar todo el día fuera de casa no es motivo
para descuidar la alimentación. Y es que comer fuera
no tiene por qué ser sinónimo de comida "basura",
fuente de grasas saturadas, según puso de manifiesto
un grupo de especialistas en nutrición en el Hospital
Carlos Haya de Málaga, durante la presentación
del Día Nacional de la Nutrición.
Cada
vez más personas (el 66% de la población, según
diversos estudios) por circunstancias de su trabajo o estudios
se ven obligadas a pasar el día fuera, comida incluida.
A raíz de ahí, todo degenera. Hasta que la comodidad
y la falta de tiempo convierten el menú diario en un
ejemplo de mala nutrición. A nadie le resulta fácil
abstenerse de un paquete de patatas fritas para cambiarlo
por una zanahoria. Pero sí puede ser más apetecible
sustituir la hamburguesa de turno por un completo bocadillo
mediterráneo.
Quienes deban almorzar fuera pueden empezar por cambiar las
grandes cadenas de comida rápida por restaurantes de
comida casera, indicaron los nutricionistas.
Para los más ahorradores hay otra opción: hacer
un picnic en la empresa o en el parque más próximo.
Esta fórmula garantiza la calidad de la dieta y permite
dedicarle más tiempo (lo recomendado son entre 30 y
45 minutos). Sin embargo, según la Federación
de Usuarios-Consumidores Independientes (FUCI), sólo
un 5% de los trabajadores que comen fuera de casa se llevan
la comida al trabajo, frente al 47% que se deciden por la
comida rápida.
En
opinión de los especialistas, no hay alimentos prohibidos.
La clave está en la variedad. "Claro que se pueden
comer hamburguesas, pero no como pauta habitual. Lo fundamental
para mantener una dieta equilibrada es no repetir", aseguró
Olveira, quien hizo hincapié en la importancia de los
lácteos, el agua y en disminuir las grasas de origen
animal en favor del aceite de oliva, eso sí, virgen
y no demasiado reutilizado.
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