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Tras
un reciente estudio publicado en The Journal of American Medical
Association (ver noticia),
que cuestionaba la eficacia de las dietas bajas en hidratos
de carbono, es ahora el también prestigioso New England
Journal of Medicine quien publica otro que aboga por este
tipo de dietas.
Los
resultados de esta investigación, realizado en la Universidad
de Pensilvania durante 6 meses sobre sujetos con obesidad
grave y alta prevalencia de diabetes o síndrome metabólico,
concluyeron que perdieron más peso los individuos sometidos
a una dieta baja en hidratos de carbono (5,8 kg de media)
que aquellos que fueron sometidos a una dieta más tradicional
de restricción de calorías y grasas (1,9 kg
de media). En el primer tipo de dieta se restringían
los carbohidratos a 30 gramos diarios y en el segundo se restringían
las calorías totales y las grasas, suponiendo éstas
menos del 30% de las calorías totales.
Además de un mayor descenso de peso, la dieta baja
en hidratos también condujo a mejorías en los
niveles de triglicéridos y en la sensibilidad a la
insulina. A pesar de ello, los autores recomiendan prudencia
ante estos resultados, hasta que otros estudios puedan evaluar
los efectos cardiovasculares a largo plazo.
Aunque con resultados menos acusados,
otra investigación de la Universidad de Pensilvania,
coordinada por Gary Foster, apunta en el mismo sentido que
la anterior.
Un aspecto muy importante de las dietas bajas en grasas y
altas en carbohidratos,
no suficientemente estudiado, es la tendencia a comer más
que éstos frecuentemente provocan.
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