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Un
equipo científico del prestigioso instituto alemán
Max Planck, se sirve de una mosca como modelo para buscar
posibles soluciones a la acumulación excesiva de grasa
en los seres humanos, dada la gran similitud de los mecanismos
de regulación de las grasas en ambos seres vivos.
La
protagonista, llamada "drosophila", podría
constituir un banco de experimentación fiable para
nuevos tratamientos contra la obesidad, pues en sus células
se deposita la grasa en forma de minúsculas gotas,
de modo similar a los mamíferos.
Así, éstos producen una proteína llamada
"perilipina", presente en la membrana con que se
rodea cada gota de grasa, que tiene un importante papel en
los mecanismos de acumulación y movilización
de la grasa. Con una alimentación similar, los ejemplares
que presentan una menor cantidad de dicha proteína
acumulan menos grasa.
En la mosca "drosophila" el mecanismo es muy similar,
pero en su caso es la proteína "Lsd2" la
que ejerce las funciones de la "perilipina". Mediante
mutaciones genéticas, los científicos del Instituto
Max Planck han obtenido moscas que no producen Lsd2 y que,
por tanto, acumulan menos grasas que las normales.
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