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Durante
un reciente Simposium Internacional de Ginecología
Endocrinológica celebrado en Madrid, se puso de manifiesto
que la falta de estrógenos durante la menopausia favorece
la aparición de la obesidad.
El tan frecuente aumento de peso
durante la menopausia y su consolidación posterior,
se había venido achacando más a factores psicológicos
que puramente fisiológicos. Así, los importantes
cambios emocionales experimentados por la mujer durante esta
etapa tan importante de su vida, harían que comiera
en mayor cantidad, lo que conduciría a la obesidad.
Sin embargo, según la Dra.
Clotilde Vázquez, del Servicio de Endocrinología
y Nutrición del Hospital Ramón y Cajal de Madrid,
"Aunque la patogenia de la relación menopausia-obesidad
no se conoce por el momento con exactitud, sí está
comprobada epidemiológicamente. Además, al ser
los estrógenos hormonas termogénicas, cuando
disminuye su producción debido a la menopausia, desciende
la producción de calor y favorece el depósito
de grasa".
A esta influencia directa de los
estrógenos en la obesidad, se añade la propia
disminución de masa muscular y aumento de grasa causados
por el proceso de envejecimiento, que conlleva una reducción
del gasto energético basal (energía consumida
por cuerpo en reposo para mantener su propio funcionamiento)
y por tanto un exceso de calorías provenientes de la
alimentación.
La falta de estrógenos también
provoca, además del referido exceso de peso, que la
distribución de la grasa corporal de la mujer se asemeje
un poco más a la del hombre, acumulándose más
en el abdomen en detrimento de caderas y nalgas.
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