CONSEJOS PARA ADELGAZAR CON SALUD
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¿Necesito adelgazar? ¿Cuánto?

 

¿Necesito bajar de peso?¿Cómo puedo saber si tengo que adelgazar? ¿Cuánto peso me sobra? Esta pregunta, que parece sencilla, en realidad no es tan fácil de responder como parece, porque hay varias formas de medir la obesidad. A la que se ha considerado clásicamente más fiable y sencilla (el IMC o Índice de Masa Corporal), se han unido otras que, en opinión de los especialistas, podrían resultar más efectivas a la hora de valorar los problemas de salud derivados de la obesidad o el sobrepeso. Veamos cuáles son estas formas.

El Índice de Masa Corporal o IMC

Es, sin duda alguna, el más utilizado, por su objetividad (la báscula y la medición de la altura ofrecen pocas diferencias entre unas mediciones y otras) y su sencillez. Además, da una información detallada de los diferentes grados de sobrepeso u obesidad. La forma de calcular el IMC para una persona es sencilla: dividimos el peso (en kilos) entre la altura (en metros) al cuadrado:

Debemos pesarnos, sin ropa, a primera hora de la mañana. Así, por ejemplo, para una persona que pese 97,5 kilos y mida 1,76 metros, Su IMC se obtiene del siguiente modo:

Disponiendo ya de este dato, podemos leer el resultado en la siguiente tabla:

Tabla de sobrepeso

En nuestro ejemplo, la persona estaría con una obesidad moderada (obesidad I).

Aunque resulta muy útil, el Índice de Masa Corporal no lo dice todo. Así, hay ciertas variables que no tiene en cuenta, como la masa muscular. Es seguro que, si midiéramos el IMC de un boxeador muy musculoso y sin un gramo de grasa, por ejemplo, la tabla anterior indicaría que ¡tiene que adelgazar!

Otra circunstancia que no tiene en cuenta el IMC es la edad, de forma que podría encubrir un exceso de grasa en personas mayores que hayan perdido mucha masa muscular, con las que este índice podría ser demasiado complaciente.

Y, con respecto a la edad, tampoco resulta muy fiable en niños y adolescentes, en los que la relación peso/altura no tiene el mismo significado que en los adultos. Por ello, en ocasiones el especialista manejará tablas de percentil de IMC que, de forma análoga a las tablas de percentil de altura (a las que estamos más habituados los padres), indican el percentil de IMC en que está situado nuestro hijo.

Pero, quizá, el mayor problema que tiene este método es que no tiene en cuenta la distribución de la grasa. ¿Es eso importante? Mucho, porque se ha demostrado que no todas las grasas son iguales ni tienen el mismo comportamiento metabólico: la grasa verdaderamente peligrosa para la salud es la abdominal. La situada en otras zonas del cuerpo, como en las nalgas, los muslos o los brazos, es mucho más inocua.

Y para evitar este problema es por lo que se han desarrollado otros métodos para medir la obesidad.

Perímetro de la cintura

Se trata, como su nombre indica, de medir el perímetro de la cintura del paciente. Se considera que padece obesidad si es mayor de 102 cm. en el hombre, o bien 88 cm. en la mujer. En ambos casos, la medición debe hacerse después de exhalar el aire de los pulmones.

Como resulta evidente, la principal ventaja de este método es que mide solo la grasa más perjudicial, que es la situada en el abdomen. Sin embargo, presenta otros inconvenientes que hacen que sea aconsejable no utilizar únicamente este método.

Un primer inconveniente surge de la relativa subjetividad de la medición, ya que puede darse una cierta tendencia, más o menos inconsciente, a "meter barriga" en el momento en que notemos que nos ciñen la temida cinta métrica donde más nos duele. El médico nos dirá que estemos "normales", pero ¿qué es estar normal? El lector puede hacer pruebas para comprobar que es cierto.

Por otra parte, parece evidente que esas cifras consideradas como la frontera entre la normalidad y la obesidad no tienen en cuenta el tamaño de la persona. Además, no presenta una escala tan detallada como en el caso del IMC a la hora de determinar los diferentes grados de sobrepeso u obesidad.

Diversos estudios indican que existe una correlación mucho mayor entre este índice y las enfermedades derivadas de la obesidad que entre el IMC y dichas enfermedades. O, dicho de otra manera, que este método detecta la obesidad mejor que el IMC, al menos desde el punto de vista de los riesgos para la salud.

Relación cintura/cadera

En opinión de muchos especialistas, es el método que mejor detecta la asociación entre la obesidad y enfermedades derivadas de ella. Supera al método anterior al tener en cuenta la complexión del individuo, de forma que es más tolerante con personas más "grandes" (y, por tanto, con una cadera mayor).

Los límites que se consideran en este procedimiento para definir si una persona es o no obesa son 0,9 en hombres y 0,85 en mujeres. Pero, al igual que ocurría en la medición de la cintura, la subjetividad de la medida supone un inconveniente no desdeñable, pues, además de la dificultad ya comentada a la hora de medir la cintura, nos aparece la subjetividad añadida al medir la cadera. Porque, entre otras cuestiones, a la hora de medirla, ¿dónde está situada, exactamente, la cadera? ¿Por dónde debo pasar la cinta métrica?

Medición de la grasa corporal

Hay diversos procedimientos para medir el porcentaje de grasa corporal, desde la tomografía computerizada hasta pesar al paciente bajo el agua, pasando por el que hoy día resulta más común: el análisis de la impedancia bioeléctrica utilizando un aparato especial.

Y es precisamente este uno de los principales problemas de este método, pues requiere de aparatos especiales que normalmente solo están a disposición del profesional. Además, la precisión con que miden el porcentaje de grasa no es muy alta, si bien será tanto mayor cuanto mayor sea la complejidad, y por tanto el precio, del dispositivo. Adicionalmente, la poca disponibilidad del aparato de medida supone una dificultad a la hora de hacer un seguimiento doméstico de la evolución de cualquier proceso de adelgazamiento.

Pero al problema de que solo está a disposición de los profesionales hay que añadir que no indica la ubicación de esa grasa, con los inconvenientes que esto acarrea, según hemos visto anteriormente. Por lo que respecta a los límites a partir de los cuales se considera obesidad, están en el 25% de grasa corporal para los hombres y el 30% para las mujeres

Plicometría

Es un método sumamente subjetivo y de difícil ejecución, ya que consiste en medir los pliegues de la piel, consecuencia de la acumulación de grasa en ciertas zonas del cuerpo. Para ello, se utilizan calibres especiales, a disposición únicamente de ciertos especialistas. Además, no resultan muy útiles cuando la obesidad se aproxima a la mórbida.

Presencia de factores de riesgo

En realidad, no se trata tanto de medir la obesidad como de medir sus efectos. De esta forma, una persona que tal vez no sufra obesidad según los parámetros anteriores, pero que presente determinadas anomalías en su analítica, podrá ser tratada como una obesa, por supuesto siempre a juicio del especialista.

Se sabe que la grasa tiene un diferente efecto en la salud de las personas, en función, en gran medida, de su herencia genética, y también de otros factores que todavía no se conocen con exactitud. Así, una persona con un IMC de 32 puede tener, tal vez, una analítica perfecta, mientras que otra con un IMC de 25 puede presentar cifras preocupantes en ciertas variables que son afectadas por la grasa corporal.

El médico podría decidir, en vista de los resultados y de una valoración global del estado del paciente, que la poca grasa que presenta este segundo paciente con un IMC de 25 puede ser demasiada para él, y proponerle un plan de adelgazamiento.

Conclusión

No conviene limitarse a un solo método a la hora de determinar el sobrepeso u obesidad, sino que es conveniente utilizar varios, ya que cada uno presenta ventajas e inconvenientes. Y, por supuesto, lo mejor es visitar al médico para que sea él quien determine nuestro nivel de obesidad. Una vez determinado, sí que parece razonable utilizar solo uno de estos métodos para ver la evolución semanal de nuestro peso, con visitas periódicas al especialista.

Pero, insistimos, tan importante (o más) como la cantidad total de grasa corporal es la forma en que la dicha grasa se distribuye en el cuerpo.

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