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LA DIETA INTUITIVA

 

Sorprendente: en principio, se puede comer de todo, en cualquier cantidad y en cualquier momento. No hay prohibiciones, ni sufrimiento, ni control de calorías ni restricciones. Pero, ¿a dónde nos lleva eso? Pues, según algunos expertos, que no son precisamente charlatanes, a una bajada de peso mayor y más duradera que cualquier otra dieta basada en la restricción de calorías. ¿Cuál es el secreto? Que antes de comer, hay que escuchar al cuerpo.

Si las mencionadas dietas que se basan en restringir las calorías funcionaran como prometen, quizá la Dieta Intuitiva no existiría. El problema es que, en la mayoría de los casos, no funcionan. La carga psicológica que supone saber que vamos a pasar hambre, que va a ser duro, que vamos a sufrir, que hay que controlar siempre las calorías, la obsesión por lo ligero... todo eso juega en contra de nuestros propósitos, porque partimos de la base de que la dieta es nuestro enemigo.

Por su parte, el cuerpo parece que hiciera también todo lo posible por hacernos fracasar en nuestro intento: en cuanto nota que le damos menos calorías, se pone a ahorrar, a acumular más grasa por si nos hace falta en el futuro, a aprovechar mejor las calorías que contienen los alimentos.

Por último, el que es el peor enemigo de todos, el tiempo, hace que, pronto o tarde, vaya cediendo nuestra voluntad. Es difícil mantener para siempre un esfuerzo tan grande, y el destino trágico de la mayoría de las dietas restrictivas es recuperar el peso perdido, y eso cuando no se coge más del que se tenía. Por desgracia, todo esto probablemente le suene al lector, quizá por haberlo sufrido.

PRINCIPIOS EN QUE SE BASA

Hay que empezar diciendo que, frente a las dietas restrictivas de calorías, la Dieta Intuitiva parte de que la dieta es nuestra amiga, de que es algo que no nos va a hacer sufrir. Por tanto, se diluyen las resistencias psicológicas frente a ella, lo cual es ya un primer paso importante.

La idea fundamental en que se basa es que comemos por varias razones: la primera, fisiológica, es para tomar los alimentos que necesitamos. Pero también comemos por otras razones, la mayoría de las veces sin darnos cuenta de ello. Comemos de más por estrés, por tristeza, por mero disfrute hedonista, por razones sociales, por imitación... y son estas otras razones las que nos hacen comer de más y subir de peso de forma tan poco saludable.

Por tanto, para comer de una forma sana, lo que hay que hacer es aprender a escuchar al cuerpo, lo cual no es tan fácil como parece. Una vez que hayamos aprendido a hacerlo, le daremos solo aquellos alimentos que nos pida, en las cantidades que necesite para cubrir sus necesidades energéticas y, la mayoría de las veces, solo del tipo de alimentos que realmente requiere.

Así, si seguimos las reglas que se indican a continuación, no hay por qué pasar hambre ni sufrir; aunque por supuesto, eso no quiere decir que podamos hacer siempre lo que más nos apetezca, ni mucho menos, a la hora de sentarnos a la mesa o cuando pasemos por delante de la nevera. La clave está en aprender a controlar la sensación de hambre, comer solo cuando es necesario y solo hasta saciarla.

Nuestro organismo nos lanza señales fisiológicas cuando necesita más alimento (provenientes, entre otros órganos, del estómago y el cerebro), y la clave está en aprender a distinguirlas de aquellas otras señales psicológicas que hemos comentado más arriba, como la soledad, la tristeza o el estrés.

REGLAS QUE HAY QUE CUMPLIR

La primera es aprender a distinguir el hambre fisiológica de la psicológica. No es fácil, pero algunas cosas pueden ayudarnos, como apuntar nuestro estado de ánimo cada vez que comemos en exceso o preguntarnos si realmente tenemos hambre antes de empezar a comer. Porque puede ser que queramos comer para mitigar nuestro aburrimiento o compensar una frustración, entre otras posibilidades de un catálogo muy extenso.

Si no estamos seguros de tener hambre, lo más probable es que no la tengamos, por lo que lo mejor será no comer. En todo caso, poco a poco iremos aprendiendo a reconocer las señales de nuestro cuerpo y distinguirlas de las de nuestra mente. Las primeras nos indicarán que debemos comer, pero ante las segundas debemos responder de forma adecuada: darnos una vuelta, llamar a una amiga o coger un libro.

La segunda regla nos dice que, una vez que sabemos que tenemos hambre fisiológica, hay que saciarla antes de que sea excesiva y con aquellos alimentos que más nos apetezcan. En principio, no hay prohibiciones. Muchos pensarán que terminaremos hinchándonos a bollos, chuches y precocinados, y es posible que eso ocurra al principio, llevados por una inercia de años de prohibiciones.

Pero la experiencia indica que aquellos que siguen esta dieta pronto prefieren las comidas más sanas. Un ejercicio interesante para ver si queremos algo realmente es imaginarnos comiéndolo, y pensar qué sentiríamos al hacerlo. Si la respuesta es que nos sentiríamos bien, podemos ir a por ello.

La tercera regla es detenerse en cuanto nos notemos saciados. Cada uno debe reconocer en sí mismo la tendencia al hedonismo gastronómico (comer en exceso de algo solo porque está muy bueno, no porque lo necesitemos) y actuar en consecuencia. Otras razones para comer de más cuando ya estamos saciados pueden ser la imitación, las costumbres sociales o la inercia, por citar solo algunas. Hay que aprender a reconocerlas para poder rechazarlas. De nuevo, hay que escuchar a nuestro cuerpo.

Un aspecto importante para poder identificar de forma correcta las señales de saciedad que nos envía el cuerpo es comer de forma consciente, saboreando cada bocado y concentrándonos en la comida. Sobran cosas tales como la televisión o el periódico: estamos comiendo. Y, por supuesto, comer lentamente, para dar tiempo a que esas señales de saciedad que envía el estómago puedan llegar al cerebro, ya que tardan unos veinte minutos en hacerlo. Si comemos de forma frenética, cuando las señales de saciedad lleguen, ya habremos comido de más.

La cuarta regla es hacer algo de ejercicio, pero de nuevo sin sufrir. Es preferible realizar un ejercicio tranquilo que nos guste que ir al gimnasio para pasarlo mal. Otra vez nos encontramos con el principio de que la actividad debe ser nuestra aliada, y no nuestra enemiga. Y la experiencia nos dice que, si el ejercicio nos gusta, lo adoptaremos para siempre; si lo odiamos, cualquier cosa será un buen pretexto para abandonarlo.

Por último, no hay que tratar de cambiar nuestra forma de alimentarnos de forma brusca, porque no sería ni posible ni, probablemente, bueno. Hay que darse tiempo. Y, por supuesto, tampoco debemos esperar resultados espectaculares. Hay que tener en cuenta que cada persona es como es, y algunas tendrán una tendencia genética a la obesidad que será difícil revertir completamente. Esta dieta no es milagrosa pero, con seguridad, con ella se bajará de peso y se comerá de forma más sana.

QUÉ OPINAMOS

Empezaremos diciendo que nuestra opinión sobre la Dieta Intuitiva es muy positiva.

Abordando primero lo más importante, no parece que pueda ser perjudicial para la salud, con algunas excepciones que deberían ser controladas por un médico. Sería el caso de pacientes con analíticas preocupantes (colesterol, hipertensión muy elevada, sodio, azúcar...) que requieren, de forma inexcusable, de su inmediata corrección mediante una dieta adecuada y rigurosa. En todo caso, la supervisión de un médico nunca está de más.

Por otra parte, es posible que sintamos una especial predilección por ciertos alimentos particularmente dañinos, como aquellos que abundan en grasas hidrogenadas. En ese caso, si vemos que tardamos mucho en "entrar en vereda", puede ser conveniente forzarnos un poco, contraviniendo un principio básico de esta dieta, a abandonar el consumo de estas verdaderas bombas envueltas en envases tentadores.

Otro inconveniente a tener en cuenta a la hora de seguir esta dieta es el derivado de las rigideces sociales y laborales. Así, solemos tener una determinada hora para desayunar y comer, y a veces también para cenar. De forma que debemos tomar los alimentos a esas horas, con independencia de si tenemos hambre o no. Adicionalmente, muchas veces no podemos comer lo que más nos apetecería, pues el menú nos viene dado. Por si lo anterior fuera poco, con frecuencia debemos comer en familia, a horas pautadas de antemano o, en todo caso, cuando coman los demás.

El aspecto que quizá más matiza nuestra opinión positiva sobre esta dieta es el relativo a los resultados que puedan obtenerse con ella. Aquí hay que repetir lo dicho más arriba en relación a los distintos tipos de cuerpos existentes y no esperar milagros, ya que esta dieta lo que nos da es nuestro verdadero cuerpo, despojado de la grasa extra que proviene de excesos de comidas derivados de la necesidad de compensar carencias psicológicas. Pero es posible que el cuerpo que aparezca ante nosotros, a pesar de todo, siga sin gustarnos.

Por otra parte, determinados casos graves de obesidad requerirán, a buen seguro, un tratamiento más radical y menos amable. Pero eso no quita que, en la mayoría de los casos, con la Dieta Intuitiva se obtengan unos resultados muy razonables y, lo que es más importante, para siempre, ya que es una dieta fácil de mantener por el escaso sufrimiento que genera.

Con referencia a los resultados, hay que destacar que esta dieta está avalada, en comparación con dietas restrictivas de calorías, por múltiples estudios de instituciones rigurosas, como la Brigham Young University, el University College de Londres o la Universidad de California. Y ese es un currículum del que muchas otras dietas carecen.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net