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LA DIETA ALCALINA

 

La Dieta Alcalina Hay que empezar diciendo que la dieta alcalina no es, propiamente, una dieta de adelgazamiento, sino una dieta para mejorar la salud. Con ella, la bajada de peso se produce solamente como un efecto secundario. Se basa en la idea de que las enfermedades necesitan de un medio ácido para desarrollarse, por lo que hay que lograr que el cuerpo sea alcalino. Y eso se consigue comiendo preferentemente alimentos alcalinos. Esta es la teoría, pero ¿está basada en verdades científicas contrastadas? Y ahí aparecen las dudas.

 

PRINCIPIOS EN QUE SE BASA LA DIETA ALCALINA

Hay que empezar diciendo que toda sustancia tiene una determinada alcalinidad o acidez, que son términos opuestos: cuanto más alcalina es una sustancia, menos ácida es, y viceversa. Por otra parte, como parece intuitivo, si añadimos una sustancia alcalina a otra que es ácida, rebajaremos la acidez de la sustancia original y la haremos más alcalina o, lo que es lo mismo, menos ácida. Por ejemplo, si tomamos bicarbonato, que es una sustancia alcalina, conseguiremos que los ácidos de nuestro estómago sean menos fuertes.

El primer principio en que se basa la dieta alcalina es que la enfermedad ataca al organismo en un medio ácido, y necesita de esta acidez para progresar. Por tanto, si consiguiéramos rebajar la acidez de ciertos fluidos de nuestro cuerpo, como la sangre o la orina (en especial, la primera, que está presente hasta en el último rincón del organismo), lo protegeremos de las enfermedades. Así, un organismo más alcalino sería un organismo más sano.

El segundo principio en que se basa esta dieta es que si tomamos alimentos alcalinos conseguiremos reducir la acidez de nuestro cuerpo. Y, por tanto, debido al principio anterior, lo protegeremos de multitud de enfermedades, como circulatorias, renales, cerebrales, respiratorias e, incluso, el cáncer. De ahí que la dieta alcalina sea, ante todo, una dieta para mejorar la salud. Pero ocurre que la mayoría de los alimentos alcalinos, como veremos más adelante, resultan ser pobres en calorías, por lo que, además de protegernos de las enfermedades, podremos también perder peso.

 

CÓMO LLEVARLA A CABO

Como ya hemos dicho, esta dieta se basa en ingerir, de forma preferente, alimentos alcalinos. Pero, ¿cuáles son estos? De forma resumida, hay que preferir las frutas y las verduras, que son alcalinas, frente a las harinas, grasas, azúcares y sus derivados, que son ácidos; aunque, por supuesto, eso no quiere decir que los notemos ácidos al gusto, como notamos ácido el limón, por ejemplo.

Entrando un poco más en el detalle de estos alimentos, además de la mayoría de las frutas (salvo ciruelas y pasas) y verduras, también podremos comer algunas legumbres, como las lentejas, muchas especias y condimentos y los frutos secos. Para beber, solo el agua o ciertas infusiones, como el té (pero no el café). Y las grasas deben limitarse al aceite de oliva.

Por el contrario, los alimentos a evitar serían todos los precocinados, las carnes rojas, de cerdo o de ave, pescados, huevos, los lácteos y, como ya se ha dicho, los productos ricos en harina o azúcares. A evitar no significa no tomarlos en absoluto, sino hacerlo de forma muy restringida, de manera que nuestra dieta consista, aproximadamente, en un 80% de alimentos alcalinos y el resto, ácidos.

Parece claro que las restricciones alimentarias de esta dieta son importantes, ya que los alimentos a evitar son muy numerosos e importantes desde un punto de vista gastronómico. Por ello, puede sernos de gran utilidad disponer de un recetario que nos proporcione una gran cantidad de platos variados y sanos, y escoger entre ellos aquellos que incorporen de forma preferente alimentos alcalinos. De esta forma, el cumplimiento de esta dieta, que debe seguirse de forma indefinida, puede sernos menos penoso.

 

PUNTO DE VISTA DE LA CIENCIA

Si bien la opinión de la ciencia no siempre es monolítica, y en ocasiones cuesta obtener una visión única sobre un determinado tema, al parecer hay varios aspectos clave en los que la ciencia no respalda el funcionamiento de esta dieta. Respecto a que las enfermedades necesiten un sustrato ácido para atacar al cuerpo y medrar en él, parece que podría ser cierto en algunos casos, pero en otros sería la propia enfermedad la crearía esa base ácida, como en el caso del cáncer. Así, los entusiastas de esta dieta estarían muchas veces confundiendo causa y efecto.

Por el contrario, los médicos especialistas en estas enfermedades (oncólogos) critican con dureza que se recomiende esta dieta a sus pacientes, ya que no proporcionará ningún beneficio y, por el contrario, puede suponer importantes riesgos para ellos, como carencias nutricionales en una situación de debilidad (debida al propio cáncer y, eventualmente, la quimioterapia y/o radioterapia) en la que es importante que su sistema inmunitario se refuerce. Y estas carencias podrían ocasionar precisamente un debilitamiento de dicho sistema inmunitario.

Pero si el principio número uno de esta dieta (la acidez favorece la enfermedad) resulta más que dudoso bajo la óptica de la ciencia, el número dos sale todavía peor parado. Numerosos estudios indican que, si bien una dieta alcalina puede modificar, muy poco y de forma un tanto imprevisible, la acidez de la orina, no logran lo mismo, ni mucho menos, con la decisiva (para los promotores de esta dieta) acidez de la sangre.

La ciencia ha probado en múltiples investigaciones que el organismo dispone de numerosos elementos de control para regular la acidez de la sangre, y lo que comamos no puede alterar dicha acidez. Por tanto, si este principio no resiste el análisis de la ciencia, la dieta entera se derrumba ante ella. Pero eso (su ineficacia a la hora de prevenir enfermedades) no es lo peor, ya que la privación de determinados grupos de alimentos puede hacer que suframos importantes carencias alimenticias.

Por todo ello, la dieta alcalina es rechazada por la inmensa mayoría de los profesionales serios, tanto médicos como nutricionistas, que basan sus opiniones en los resultados de la ciencia, es decir, en el resultado de la experimentación comprobable y no en meras creencias. ¿Que adelgaza? Por supuesto que adelgaza, como cualquier otra dieta que excluya los alimentos más calóricos. Pero las exclusiones que preconiza esta dieta no son ni las más sanas ni las más llevaderas.

 

QUÉ OPINAMOS DE LA DIETA ALCALINA

No podemos estar de acuerdo con esta dieta, ya que no se basa en verdades científicas. Pero, si a pesar de todo se tiene fe en ella (y nunca mejor dicho lo de fe), muy posiblemente se consiga reducir peso, siempre que se siga indefinidamente, por basarse en alimentos poco energéticos y, en general, saludables. Aunque hay que matizar aquí que no se puede hablar de alimento saludable o no saludable, sino de dieta saludable (o no) ya que hay que examinar el total de alimentos que componen dicha dieta.

Así, por poner un ejemplo extremo, hay consenso en que el aceite de oliva es un alimento muy saludable, pero si alguien tratara de alimentarse solo a base de aceite de oliva sufriría tales carencias que pondría en peligro su vida a medio plazo. Lo mismo cabría decir de algunos alimentos calificados como insanos: tomados en pequeñas cantidades pueden no solo no resultar perjudiciales, sino incluso ser convenientes. Así, debido a las grandes limitaciones en cuanto a alimentos que tiene la dieta alcalina, se hace imprescindible el control médico para evitar las previsibles carencias que esta dieta puede ocasionar.

Por otra parte, hay que tener en cuenta la dificultad que tiene seguirla, dada la gran cantidad de alimentos que restringe. Son muchos y, como ya se ha indicado, muy importantes. Y esta dificultad puede suponer su abandono a medio plazo, con lo que todos nuestros esfuerzos habrán sido en balde. Hay otras dietas más saludables, sin carencias y mucho más fáciles de seguir a largo plazo, como la dieta mediterránea. Y, ante ella, es muy difícil que cualquier médico o nutricionista serio ponga objeción alguna.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net


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