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Y
después ...
Al cabo
del primer año podemos contar con haber bajado unos
12 kilos. ¿Lento? Sí, pero aun así
este resultado es mucho mejor que el que habrías
logrado con una dieta tradicional que hubieses comenzado
hace un año y abandonado pocos meses después.
Además, los objetivos que te hayas impuesto se habrán
ido convirtiendo en hábitos tras 4 o 6 semanas de
cumplirlos ininterrumpidamente, y los hábitos dejan
de suponerte un esfuerzo. Serán costumbres saludables
que conservarás para siempre.
El
mayor riesgo: el todo o nada. La mayoría de las
personas se plantean los cambios en su alimentación
en términos de todo o nada: nos hacemos muchas promesas
de seguir el método o la dieta de turno a toda costa,
de hacerlo al 100%, pero la primera vez que fallamos tenemos
la sensación de que ya lo hemos echado todo a perder
y que no vale la pena continuar; entonces lo abandonamos
todo y "nos echamos al surco". Plantearse así
las cosas es un tremendo error.
El
progreso de nuestros cambios de alimentación no es
una línea recta ascendente que refleje un éxito
permanente, sino más bien una línea ascendente
en forma de dientes de sierra, compuesta por pequeños
éxitos y fracasos en la que sólo se debe intentar
que tras cualquiera de estos fracasos quedemos en una posición
un poco más alta que tras el fracaso anterior.
| Es
importante contar con que fallaremos, para que ninguno
de estos fallos pueda dar al traste con todo el proceso
de cambio de hábitos en nuestra alimentación. |
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