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En
época de excesos...
En
nuestra cultura, la celebración de ciertas fiestas
(bodas, bautizos... y sobre todo, las Navidades), va necesariamente
unida a comer copiosamente. No podemos luchar contra esta
costumbre, pero sí podemos seguirla de una forma
razonable, teniendo en cuenta que los excesos se pagan.
Podemos celebrar estas fiestas con alegría, y podemos
también disfrutar de las comidas familiares, pero
hagámoslo con un cierto control que, aunque nos cueste,
siempre nos costará menos, mucho menos, que recuperar
luego nuestro peso.
Este
es quizá el argumento que debe guiarnos en estas
celebraciones: recuperar un exceso de calorías ingeridas
en una comida, a base de privarnos durante los días
siguientes, es mucho más duro y difícil que
no incurrir en el mencionado exceso, comiendo con moderación.
He aquí
algunos consejos:
- Es
importante no perder los buenos hábitos alimentarios
que hayamos adquirido trabajosamente con anterioridad:
no picar entre horas, el café sin azúcar,
servirse poca salsa... una fiesta no debe ser, en absoluto,
un "vale todo". Los excesos, si se cometen,
que sean planificados ("hoy voy a tomar media ración
de tarta").
- Comenzar
una dieta de control para los días anteriores y
posteriores a las fiestas, que evite el exceso de grasas,
alcohol y féculas.
- Si
tenemos capacidad para decidir sobre el menú, no
centrarse en los platos hipercalóricos y recuperar
las recetas tradicionales que combinan la carne o el pescado
con verduras.
- Para
el postre, recurrir preferentemente a las frutas de temporada
(piña, chirimoya) o, si deseamos algo dulce, a
los postres caseros (peras al vino, natillas, ...).
- Respecto
al consumo de alcohol, conviene ceñirse a los máximos
recomendados (2 copas de vino o cervezas al día
para el hombre y 1 para la mujer). El exceso de alcohol,
además de engordar, reduce mucho nuestro autocontrol.
- Y
para terminar, un sencillo truco: lleva una manzana contigo
y cómetela media hora antes de la comida o cena.
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