Introducción
Antes
de nada, una cuestión terminológica: suele
entenderse por dieta (o régimen) un cambio de alimentación
brusco y temporal para adelgazar, que se abandona una vez
alcanzado el objetivo. Entendida de esta manera, ponerse
a dieta no es deseable, y sería mejor hablar de cambio
en la alimentación, o alimentarse correctamente,
y darle un carácter duradero o permanente. A continuación,
vamos a ver algunos aspectos importantes a la hora de realizar
un cambio en la alimentación:
Hay
que tener una mentalización adecuada: no debemos
realizar una dieta bajo presión externa, sino estar
convencidos por nosotros mismos de la conveniencia de hacerla.
Tampoco debemos comenzarla si estamos bajos de moral o pensamos
que no vamos a ser capaces de llevarla a cabo con éxito.
Debe
hacerse bajo supervisión médica, huyendo de
las llamadas "dietas milagro", que no funcionan
a largo plazo, y pueden poner en peligro nuestra salud.
El especialista, además, descartará causas
médicas como origen de nuestra obesidad: problemas
de tiroides, diabetes...
Seguir
un ritmo adecuado. A expensas de lo que indique el especialista,
lo correcto es no intentar perder más de un 5 a un
10 % de peso en un periodo de tres a seis meses. No debemos
intentar ser más ambiciosos.
No saltarse
comidas, especialmente el desayuno.
Contrariamente a lo que se cree, omitir
comidas favorece la obesidad.
Centrarse
en lo que hacemos mientras comemos. Hay que tomarse su tiempo,
sin distraernos con otras cosas, y ser conscientes de que
estamos comiendo. Así, además de saciarnos
físicamente, nos saciaremos también psicológicamente.
A veces comemos de más porque no asumimos plenamente
que ya lo hemos hecho.
Acudir
al especialista si comemos en exceso por ansiedad o depresión.
Con frecuencia, el sobrepeso es síntoma de otros
problemas que conviene tratar previamente.
Realizar
ejercicio.
Es importante elegir algo que nos guste y sea adecuado a
nuestra edad y condiciones físicas.
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